La Neuroeconomía es cada vez más relevante en el estudio de la toma de decisiones de los individuos, analizando la habilidad que poseen para procesar diferentes alternativas y seleccionar la que ellos consideran su mejor opción. Se trata de una disciplina que estudia la conducta económica a través del análisis científico de las funciones cerebrales, utilizando métodos de investigación de la neurociencia, la psicología social, la psicología cognitiva economía conductual, entre otros.
Como ya hemos aprendido en las clases vistas y en las exposiciones de los compañeros que han hablado del tema, la neurociencia estudia la manera en la que millones de neuronas del sistema nervioso generan y transmiten impulsos nerviosos, y cómo cada una de ellas transmite la información, creándose una red de enlaces neuronales que estimulan el pensamiento y la conducta. Por otro lado, se explica la economía, como la ciencia que estudia como la sociedad distribuye sus recursos que son escasos, entre sus miembros por medio de las acciones conjuntas de hogares y empresas. También estudia la manera en la que los individuos toman sus decisiones y cómo se interrelacionan entre sí. La Neuroeconomía surge se origina de la combinación de estas dos ramas de estudio siendo apoyadas por otras ramas como se menciono anteriormente, como lo son la psicología social y cognitiva, entre otros.
Para comprender un poco más el tema, se citará un estudio realizado llamado el ultimátum, el cual ha sido explicado y analizado por un reconocido profesor de neurociencia cognitiva en la universidad de Princeton, Estados Unidos el Dr. Jonathan D. Cohen. El Dr. Cohen y su equipo tomaban imágenes del cerebro de la gente que lo jugaba. El juego consiste en lo siguiente: el jugador A tiene 10 dólares y puede ofrecer la cantidad que quiera al jugador B. Si el jugador B acepta el ofrecimiento, el dinero se reparte, pero si no es así ninguno de los dos jugadores obtendrá nada.
La mayoría de los jugadores que encarnaba el papel B rechazaban ofertas de dos y tres dólares, prefiriendo penalizar al jugador A antes que sentirse engañado. Esto, evidentemente, va en contra de la lógica económica, que diría que es mejor quedarse con algo que perderlo todo, afirma el Dr. Cohen.
Las imágenes del cerebro mostraban que, cuando los jugadores aceptaban, un circuito situado en la parte frontal de su cerebro, que soporta el pensamiento deliberativo, se ponía en funcionamiento.
Sin embargo, cuando rechazaban la oferta, la ínsula que vigila los estados del cuerpo, incluido el disgusto dominaba el circuito frontal. Cuanto más fuerte era ese dominio, con más rapidez el jugador rechazaba la oferta.
Aún queda mucho que estudiar, descubrir y explicar en cuanto a esta maravillosa teoría, actualmente son muchos los expertos avocados en seguir aportando más a estos estudios que como hemos notada, están revolucionando el mundo de la economía y el marketing.